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05 Mar Querer controlarlo todo, un afán de las mujeres que no da la felicidad

Desde hace unos años me dedico a la ayuda de las personas. Y en la mayoría de las ocasiones, os podría decir que en un 90% de las veces son mujeres las que se ponen en contacto conmigo para empezar un proceso de coaching. Hay veces que vienen por voluntad propia y en otras por recomendación de la pareja, madre o amigas.

Da igual que el proceso sea para conseguir una meta personal o profesional, porque en la mayoría de las ocasiones hay una constante: el control. La obsesión por controlarlo todo.

Desde el inicio de los tiempos las mujeres nos hemos dedicado al cuidado del hogar, hemos sido las que hemos sustentado emocionalmente a la familia, las que nos hemos encargado que todo funcionara en casa. Con la incorporación de la mujer al mundo laboral esto no ha cambiado mucho. Así que en más de una ocasión las mujeres que vienen a verme coinciden en un mismo aspecto: tienen que controlarlo todo.

El control les lleva a supervisar absolutamente todo, tanto en el trabajo como en el hogar. Esto les lleva a sentirse más atadas, a disponer de menor tiempo para ellas, a no confiar en los demás en el desarrollo de sus tareas…Esta necesidad de control viene de un perfeccionismo que les lleva a hacer las cosas tal y como quieren ellas,  y a una falta de delegación porque presuponen que las cosas no saldrán igual de bien si ellas no lo hacen.

En estos casos en lugar de asumir la carga que supone para ellas, el desgaste y la falta de libertad, la queja permanece en sus vidas, con lo que el carácter y las relaciones que mantienen con los demás también se deterioran.

Cómo dejar de querer controlarlo todo

Pero ¿Qué se puede hacer para dejar de controlarlo todo? Siempre les contesto lo mismo: dejar de hacerlo para darse cuenta que no pasa nada. Seguro que te parecerá muy difícil conseguirlo. Incluso te parece imposible.  Te daré algunas claves por las que tienes que empezar:

Piensa en todo aquello que pierdes

No somos capaces de duplicar el tiempo ni nuestras capacidades, con lo que esta actitud lleva a perderte muchas cosas.

Trabaja tu ego

No eres tan sumamente importante, querida. Posiblemente no te guste leer esto. Pero hacer las cosas de diferente manera no significa que se hagan mal. Permitir a los demás que desarrollen sus obligaciones como saben y pueden, les dará seguridad a ellos y a ti te permitirá ver que se pueden conseguir buenos resultados haciendo cosas diferentes.

Acepta la equivocación de los demás

No sabemos convivir con el error, y esto nos lleva a supervisarlo todo. Hay que permitir que los demás se equivoquen y aprendan con el error, permitiéndoles también hacerse responsables.

No corrijas continuamente 

Tanto en casa como en el trabajo, el corregir continuamente hasta que se hagan las cosas tal y como quieres, lo único que lleva es al desánimo de los demás, porque mermarás su seguridad y autoestima si continuamente les dices que deben hacer las cosas como quieres.

Trabaja la confianza en los demás

Si delegas en alguien alguna de tus tareas es porque les haces sentir capaces. Con lo que depositando tu confianza en ellos, ellos cada vez se sentirán más seguros, serán más proactivos y gozarán de más iniciativa.

Cambia el control por tiempo para ti

¿Eres consciente del tiempo que te quitas por querer controlarlo todo? El no supervisar absolutamente todo te llevará a tener más tiempo para ti y disfrutar de él. Te sentirás más feliz y realizada. Cambiarás la queja por el placer.

 

 

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